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Tenemos que hablar

Publicado el 23/11/2009

La semana pasada en el debate “El Frente escucha a las mujeres”, José Mujica y Danilo Astori señalaron, ante las preguntas del auditorio, que en caso de ganar el próximo domingo no promoverían desde el Poder Ejecutivo una ley que despenalizara el aborto, pero tampoco la vetarían en caso de que fuera aprobada por el Parlamento.

Por primera vez en lo que va de la campaña 2009 un tema prioritario para el movimiento de mujeres uruguayas entró en la agenda electoral por tres días, generando definiciones de algunos/as de los principales líderes políticos de los dos partidos que se disputan el gobierno.

Pese a que la despenalización del aborto está en el programa del Frente Amplio aprobado por su Congreso en diciembre de 2008, sus candidatos al Ejecutivo y sus referentes legislativos optaron por no incluirlo en sus discursos. Por tanto, no es de extrañar que haya sido puesto en el tapete por las mujeres organizadas y no por los partidos políticos, a los que siempre les ha costado incorporar (aun a la izquierda) los temas de género y los referidos a los intereses de las mujeres como uno de los clivajes dignos de ser representados.

Desde filas del Partido Nacional, la discusión en el marco de la campaña fue calificada como un hecho “penoso” porque no “es compartible que se utilicen estos temas con el objetivo de juntar algunos votos” ya que “divide profundamente a los uruguayos en áreas que son muy sensibles”. ¿Por qué? ¿Cuáles son los temas que deben ser discutidos en el marco de una campaña electoral? Las elecciones son instancias en las que los partidos se disputan las preferencias ciudadanas a partir de una serie de propuestas, aunque muchas veces la prevalencia de estrategias “conservadoras” lleva a los partidos a no querer incursionar en aspectos controvertidos con el objetivo de no perder votos.

La racionalidad de los actores encargados de representar muchas veces colide con la calidad de su representación al excluir de la agenda pública problemas que sectores importantes de la ciudadanía quisieran que fueran discutidos. No discutirlos también es una forma de tomar posición. Pero más allá de esto, las posiciones de la izquierda y el Partido Nacional en este asunto no son banales ni azarosas, sino que se insertan coherentemente en ideologías que configuran dos maneras distintas de concebir el funcionamiento social.

Luego del argumento de la protección de la vida desde el momento de la concepción, desde el Partido Nacional se hace referencia a políticas poblacionales: la despenalización del aborto iría en contra de los intereses nacionales en un país en el que la tasa de natalidad disminuye sistemáticamente. Entonces la solución pasa por “diseñar políticas de prevención y de custodia a la mujer embarazada”. Tal enunciado así formulado no implica más que el reforzamiento del rol de las mujeres en la esfera privada, en tanto madres, principales cuidadoras y encargadas de la reproducción social. Como lo demuestran las encuestas de usos del tiempo que elabora el Instituto Nacional de Estadística, las mujeres son las principales responsables de las tareas domésticas y de los cuidados de terceros (niños/as, enfermos y ancianos) y ello compromete seriamente sus posibilidades de actuación en otras esferas: el mercado laboral y la esfera pública.

¿Pero por qué el Partido Nacional no incluye ninguna propuesta tendiente a incorporar a las mujeres como ciudadanas plenas? Porque justamente no es una medida articulable con el conjunto de sus propuestas. El programa del Partido Nacional pone un fuerte énfasis en el rol de la familia en la provisión de las políticas sociales y habla de la promoción del “rol de la mujer como madre y primera educadora y transmisora de valores”. Desde esta concepción la provisión de los recursos y servicios está familiarizada, y al hacerlo se afecta el ejercicio de los derechos ciudadanos de las mujeres. La despenalización del aborto es sólo una punta de esta matriz. Lo contrario sucede para la izquierda cuyo programa evidencia tendencias hacia la desfamiliarización y el aumento del rol estatal en la provisión de los cuidados.

¿Por qué no analizar estos asuntos entonces en el marco de una campaña electoral? La despenalización del aborto afecta principalmente a las mujeres y ellas son más de la mitad del electorado uruguayo. El sistema político uruguayo y los partidos deben debatir este tema aunque más no sea por cuestiones electorales, pero sobre todo para mejorar la calidad de los intereses que representan.

Verónica Pérez, politóloga.

Fuente: La Diaria