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Qué arriesgamos

14/11/2009

IGNACIO DE POSADAS

La campaña es un dislate. Hay que hacer un intento para volver a lo esencial: ¿qué es lo que está en juego? 1. Valores fundamentales:

a) La vida: aceptar y apoyar, el aborto es justificar el matar; b) La libertad: en el pensamiento de la izquierda está enraizada una desconfianza acerca de cómo usa el hombre su libertad. Eso lleva a colocar al Estado como un curador necesario, sustituyendo la libertad (egoísta) de los hombres, por la de ese otro ser superior. Eso sí, siempre que esté en manos “progresistas”.

Todo aquello considerado importante (salud, educación, energía, medioambiente, la tierra, las sociedades anónimas, los bancos…) debe sustraerse de la decisión de los hombres, (cuando haya otros hombres, superiores, que planifiquen y regulen con iluminado altruismo). c) La familia: da lo mismo el orden de la naturaleza que sus excepciones y el compromiso que la conveniencia o el experimento. d) La igualdad: la Democracia se apoya sobre la igualdad ante la ley, e incluso se ve favorecida cuando en una sociedad el trato entre las personas es llano, igualitario.

Pero hay una corriente de pensamiento, político y hasta filosófico, que nace con la Revolución Francesa y se endurece con Marx, que preconiza algo totalmente distinto: la igualdad material. Esa concepción también está en juego. Y no es un tema menor: los caminos de la igualdad material llevan, por un lado, a la desigualdad ante la ley (p. ej.: dando un trato a los sindicatos y otro a los empresarios) y por otro a la chatura y la mediocridad (como ocurre en nuestro sistema educativo y, progresivamente, en la salud, para citar un par de ejemplos). e) El respeto por la Ley. Una de las consecuencias que se siguen de la concepción desconfiada del ser humano, unido a la meta de establecer entre todos una igualdad material, es el menosprecio por la Ley, (ergo por el Estado de Derecho y luego por la Democracia).

Si la naturaleza humana además de no ser de fiar, es “desprolija”, dándole a cada uno virtudes y defectos distintos, se sigue que el Estado debe regular y corregir todo eso, haciendo leyes a medida y aplicándolas cuando conviene. También esto está en juego: cinco años más de pésima legislación y la aplicación de normas, iluminadamente discrecionales, por la DGI, la Dinama, las CCZ, y muchas otras. f) La propiedad: uno de los ámbitos donde más repercute la concepción de que el Estado debe resolver qué está bien y qué no (teniendo a la igualdad como objetivo esencial). Fue recortada durante este período, pero con los que controlarán al Frente en el futuro, un triunfo de su fórmula augura serias amenazas. Mujica lo ejemplificó muy claramente: la tierra debería ser toda del Estado.

2. Están en juego elementos culturales básicos, emparentados con estos valores. Apenas un pantallazo.

El mito del Uruguay “productivo”, que lleva a privilegiar (privilegio = ley privada) algunas actividades y a castigar otras (como las financieras, por ejemplo), pasando por arriba de la voluntad de las personas.

El mito de la distribución. Por un lado la creencia de que no hay un tema de producción, sino que los únicos problemas están en que se distribuye mal (por la perfidia de unos pocos que gozan de una liberad y propiedad egoístas). Por otro, este pilar de la fe izquierdista lleva a rechazar la excelencia como criterio rector, en actividades claves como la educación y la salud.

Otro detalle de esta cultura: para intentar igualar y para privilegiar la distribución, no se puede tener un país abierto.

El mito del neoliberalismo y la dictadura salvaje del mercado. La izquierda consiguió establecer en el imaginario colectivo que el Uruguay estuvo sometido a esos flagelos antes del gobierno de Vázquez y aún que éste no consiguió liberar al país del todo.

Siendo así que el país nunca bajó de tener el grueso de su economía en manos del Estado, como propietario, como gestor, como socio (DGI, BPS) o como regulador, está en juego con esta elección un avance todavía mayor del Estado y del Gobierno.

3. Democracia vs. Corporativismo. En estos últimos años se produjo una explosión del corporativismo, a partir de políticas expresas (Consejos de Salarios, Leyes Laborales, etc.) y de actos y declaraciones del Gobierno. Paralelamente, el Parlamento disminuyó su rol al de mero aprobador de proyectos enviados por el Ejecutivo. Resultado: en áreas claves, (educación, salud, energía, finanzas, telecomunicaciones…) campea la tesis de que no se puede resolver nada sin previa intervención sindical.

Otros temas más hay, pero no el espacio para tratarlos.

Termino señalando que también está en juego la selección de quién será el titular de la mayor empresa del país: el Estado.

Cuando se selecciona un alto ejecutivo se piden las calificaciones de su formación y su experiencia.

¿Cómo sería el análisis objetivo del oferente Mujica?

¿Educación formal? No tiene.

¿Experiencia en organización y gerenciamiento? No tiene.

¿Experiencia de trabajo en actividades afines? Más de diez años como legislador. ¿Proyectos presentados? Ninguno. ¿Miembro Informante en leyes importantes? No.

¿Perfil psicológico para el cargo? No demuestra claridad y estabilidad en sus ideas (“como te digo una cosa…”). No se tiene fe en poder desempeñar el cargo, (“voy a molestar poco”). Ni gran entusiasmo por trabajar.

El postulante, para que no se tome en cuenta nada de lo anterior, alega que gobernará otro. Insólito: jamás antes ha ocurrido (ni aquí, ni en el resto del mundo); absurdo: ¿para qué derrotaron tres veces al otro si quieren que sea él quien gobierne? Trucho: ¿porqué Mujica no ha dado el nombre del futuro Ministro de Economía? Vázquez lo hizo. Lo ayudaría a obtener votos. Puede hacerlo. Astori lo quiere.

No lo ha hecho porque no piensa poner a un hombre de Astori.

Fuente: Diario El País

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