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La oscuridad del aborto para las mujeres latinoamericanas

Publicado el 10/08/2014

En Chile, como en cuatro países más en Lationamérica, la legislación castiga la interrupción del embarazo.

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El aborto en Chile está penalizado en todos los supuestos, incluso por violación. El año pasado, Belén, una chica de 11 años, quedó embarazada por los abusos reiterados de su padrastro. No tuvo otra opción que tener al niño, pese al riesgo para su salud y la situación de pobreza que la rodea. Su caso provocó la reacción de varios países que organizaron manifestaciones para apoyar a Belén.

Se sabe muy poco de esta pequeña madre cuyo verdadero nombre nunca se ha conocido. Vive al cuidado de su abuela en una localidad de escasos recursos al sur de Chile. Y se ha transformado en un símbolo de una realidad dramática que viven las mujeres de este país sudamericano desde 1989, cuando entró en vigor una de las leyes más restrictivas del mundo en esta materia.

En la región, otros cuatro países están en la misma situación: El Salvador, Honduras, República Dominicana y Nicaragua. La presidenta Michelle Bachelet busca despenalizar el aborto en tres supuestos: cuando peligra la vida de la madre, malformación fetal y violación.

En Chile existía el derecho al aborto terapéutico desde 1931. Seis meses antes de que terminara la dictadura de Augusto Pinochet, en septiembre de 1989, se dictaminó: “No podrá ejecutarse ninguna acción cuyo fin sea provocar un aborto”.

La ley lo prohíbe y también lo persigue

De acuerdo con los últimos datos disponibles, en 2012 había 221 chilenas cumpliendo algún tipo de pena por abortar o ayudar a realizar esta práctica. Los gobiernos democráticos en 24 años no han evitado que se realice el aborto de manera clandestina.

Según los registros del Ministerio de Salud, cada año existen unos 33 mil egresos hospitalarios por aborto, tanto en el sistema público como privado, aunque no se distingue entre los espontáneos y provocados. Estos números son solo la punta del ‘iceberg’.

La mayoría de las mujeres que interrumpe su embarazo no llega a los centros de salud. Se estima que cada año se producen 70 mil abortos provocados, según el informe anual de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales (UDP). Por su parte, Ramiro Molina, académico de la Universidad de Chile y fundador del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente, calcula que estos llegan a los 140 mil.

Los métodos para llevar a cabo un aborto provocado son variados. La presidenta del Colegio de Matronas de Chile, Anita Román, señala que existen mujeres que aún se autorealizan abortos con mecanismos de alto riesgo: utilizan hierbas, sondas, tijeras, lavados y alambres.

Las chilenas que se lo pueden permitir, optan por viajar a Miami, Argentina o Cuba, según un ginecólogo que trabaja en una zona acomodada de Santiago y que prefiere guardar el anonimato.

La clandestinidad, sin embargo, se presta para que las mujeres sean objeto de grandes abusos.

El método más barato y de mayor acceso es el misoprostol, un fármaco para tratar úlceras gástricas y que ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para su uso ginecológico. El medicamento, sin embargo, no se puede comprar en farmacias y se consigue en el extranjero o a través del mercado negro.

Una búsqueda sencilla por la web conduce a páginas que lo ofrecen y distribuyen en todo Chile y su precio por dosis, es de unos 70 dólares (unos 910 pesos). Y aunque existe cierto consenso médico en que se trata de un mecanismo seguro si se controla por un experto, la falta de información aumenta considerablemente el riesgo para la mujer. No existen organismos del Estado que ayuden a saber la dosis recomendable, ni las semanas de gestación que se debe tener como máximo para su utilización, (tres meses).

De acuerdo con las cifras del Instituto Chileno de Medicina Reproductiva, de las 50 defunciones maternas que se produjeron en 2009, tres fueron por aborto. La ministra de Salud, Helia Molina, ha señalado que “es la tercera causa de mortalidad materna en Chile”. Y aunque los métodos inseguros afectan más a las mujeres con menos recursos, el drama llega a todos los estratos socioeconómicos.

Fuente: am (Chile)